sábado, 23 de enero de 2016

NOTA 1: Una aclaración pertinente


El lector habrá observado que al referirnos a Alessandro Pico della Mirándola, segundo marido de la duquesa viuda de Atri, estamos atribuyéndole, a lo largo de estas líneas, la condición de "abate" pues como "abate Pico" es citado con frecuencia en la documentación de la época.
Sin embargo, su vida secular, su cualidad de "cortejo" o amante de la duquesa, su dedicación a la política en las cortes de varios monarcas pueden parecer al lector poco avisado incompatibles con tal condición eclesiástica...
Aventuremos una posible explicación:
Digo yo que no sería la vocación lo que llevó a Alessandro Pico a entrar en religión, a tenor de los gustos y tendencias mundanas que manifiesta en su biografía,  sino más bien su situación de hijo natural del muy noble marqués de Quarantoli, ya que la situación o el estamento al que perteneciera su desconocida madre (¿mujer casada, campesina, menestrala...?) le impediría seguramente tratar en sociedad con sus iguales de nobles sangres, situación que podría salvar, sin embargo,   como clérigo, ya que en este caso su origen sería indiferente.
Pero hay que tener en cuenta que el derecho canónico distingue una gradación de estados en la carrera eclesiástica que la divide en dos bloques: primero los aspirantes asumen las llamadas "órdenes menores", estados que no exigen el voto de castidad y por lo tanto posibilitan el matrimonio, que solo cuando el pretendiente entra en las "órdenes mayores", cuyo fin es la ordenación sacerdotal, es imposible, pues se le exige celibato.
El abate Pico, por tanto,  no debió ser ordenado sacerdote, con lo cual no hubo impedimento alguno para su matrimonio con la viuda de Atri, boda que, aún así, debió celebrarse discretamente y llevarse el nuevo estado con prudente reserva.
Esta figura del abate mundano, habitual de salones y tertulias nobiliarias, frecuentador de gabinetes e intimidades de ilustres señoras, intrigante, frívolo y cortesano fue muy frecuente en el mundo elegante europeo del siglo XVIII en que nuevas costumbres  revolucionaron la vida cotidiana de los estamentos privilegiados.


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